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Neil McCann y la ambición de Kilmarnock en la copa

Neil McCann no se esconde: quiere que Kilmarnock salga a morder en cada partido de copa. El técnico insiste en que su equipo no puede especular cuando hay eliminatorias de por medio. Todo o nada.

«Planteamos el equipo para ganar cada partido y queremos ser agresivos. Tiene un matiz diferente porque es una competición a eliminación directa», subraya. Ese formato, reconoce, cambia el pulso de la semana y la tensión en el vestuario.

Hampden como recompensa

McCann mira a Hampden Park como un premio que va mucho más allá del vestuario. Sueña con una semifinal como regalo para una afición que no ha soltado la mano del equipo y para una directiva que ha apostado fuerte por el futuro del club.

«Hemos tenido un apoyo maravilloso desde que llegamos y siento que los chicos tienen muchísimo que ofrecer esta temporada. Llegar a semifinales sería mágico para nuestros aficionados, mágico para Billy Bowie y para toda la junta», explica.

Luego baja un piso en su discurso, hacia el corazón del vestuario: «Pero, más importante para mí ahora mismo, sería mágico para los chicos de abajo, en el vestuario, porque trabajan muy duro cada día para encontrar ese ritmo que les permita sumar los puntos que sabemos que son capaces de conseguir».

Una copa abierta por el Old Firm

El sorteo ha puesto un Old Firm en los cuartos de final y McCann sabe lo que eso significa para el resto. Cuando Celtic y Rangers se cruzan tan pronto, el cuadro se abre de golpe.

«Es evidente, porque son los dos grandes de la competición, por su poder económico y su experiencia ganando títulos. Claramente, cuando uno elimina al otro, es una oportunidad para que todos los demás vean un camino hacia las últimas rondas», apunta.

Kilmarnock quiere estar en esa pelea. No desde el discurso, sino desde la solidez. El primer aviso llegó el fin de semana pasado.

Un primer paso: la portería a cero

El primer partido de liga sin encajar llegó como un pequeño respiro, pero también como una señal de que el trabajo empieza a cuajar. Para McCann, no fue casualidad.

Define ese encuentro como «un buen punto de partida» y desarrolla la idea: «Sentí que, estructuralmente, estábamos en un buen lugar. Creo que seguimos siendo peligrosos, aunque nos faltó ese último toque de brillo».

No fue una exhibición ofensiva, pero sí un esqueleto sobre el que construir. Un mínimo sobre el que empezar a exigir más.

Entre la frustración y la reconstrucción

La afición, sin embargo, mira la tabla y se inquieta. El arranque de liga ha sido flojo y McCann no rehúye esa decepción. La entiende, pero la enmarca en un contexto más amplio.

«Mi objetivo al llegar fue estabilizar las cosas con Billy Dodds, asentar la plantilla y evitar el descenso», recuerda. Ese fue el punto de partida, no el techo.

Desde entonces, el club ha redirigido parte de sus recursos hacia algo menos vistoso que un fichaje, pero mucho más determinante a largo plazo: «Por supuesto hemos tenido que reajustar nuestras miras en muchos aspectos por la cantidad de inversión que ha ido a las instalaciones de entrenamiento para proteger el futuro del club».

Es un mensaje claro: se construye para hoy, pero también para mañana. Y ese equilibrio, a veces, se paga en la clasificación.

Fútbol que enganche

McCann, aun así, se marca una línea roja: el equipo no puede ser plano. Habla de un «objetivo claro»: ofrecer un fútbol que enganche al aficionado.

«Hemos trabajado duro en eso y los resultados no han estado al nivel de lo que esperamos y queremos», admite. La grada lo ha notado. «Los aficionados han estado, con razón, decepcionados», asume sin rodeos.

El técnico se agarra al último partido como pequeño giro de guion: «Esperemos que con el resultado del sábado… y sí, es solo un punto, solo un punto, pero hay mucho que rescatar de la actuación».

Un punto, una portería a cero, un cuadro de copa que se abre y un vestuario que, según su entrenador, empieza a encontrar el ritmo. La pregunta es sencilla y brutal: ¿le alcanzará a Kilmarnock para convertir esa promesa en una noche de Hampden?