México sorprende a Australia con un gol en el descuento
En un McDonald Jones Stadium lleno y expectante, Australia tuvo la pelota, el escenario y las estrellas. El triunfo, sin embargo, se lo llevó México en el minuto en el que más duele. Diana Ordóñez apareció en el 90+2 para firmar el 0-1 y castigar una noche en la que las Matildas acumularon posesión, llegadas y disparos… pero casi nunca verdadero peligro.
El amistoso, planteado como examen serio en la ruta hacia el Mundial 2027 en Brasil, terminó convertido en advertencia. Australia dominó largos tramos, pero jamás encontró filo. México, paciente y cada vez más atrevido, esperó su momento. Lo tuvo en el descuento y no perdonó.
Dominio sin colmillo
Joe Montemurro apostó por todo lo que tenía a mano: Sam Kerr, Caitlin Foord, Mary Fowler, Ellie Carpenter en su partido número 100, Steph Catley, Emily Van Egmond, Alanna Kennedy, Mackenzie Arnold. Un once de memoria, de jerarquía. Y, durante media hora, el guion pareció el previsto.
Desde el primer minuto, las Matildas se instalaron en campo rival. Foord avisó muy pronto entrando desde la izquierda, Kerr se ofrecía como referencia constante, Fowler filtraba balones con su habitual sutileza. El juego fluía, el público respondía, México aguantaba atrás.
El primer gran zarpazo llegó al 29: contra fulminante, Foord lanza a Kerr, la capitana gira en la frontal y sirve para la llegada de Amy Sayer, sola ante Esthefanny Barreras. El pase va un toque atrás, Sayer llega forzada y estrella el balón en el poste. Era la jugada que podía haber roto el partido. Fue, en cambio, la primera señal de que a Australia le faltaba precisión en el toque final.
Las llegadas se repetían, pero casi siempre morían en el mismo sitio: en la última decisión. Centros previsibles, remates blandos, disparos bloqueados. México, ordenado en su bloque bajo, apenas sufría de verdad pese a la avalancha territorial.
México crece y avisa
El encuentro cambió de tono pasada la media hora. México empezó a encontrar aire y espacios en el medio, justo donde más dudas dejó Australia. Montserrat Saldívar, descarada, se atrevió una y otra vez a encarar a Carpenter por la izquierda. Primero probó desde la frontal, luego se internó en el área. Sin puntería, pero con mensaje: El Tri Femenil no había venido a defender noventa minutos.
Los errores en la salida de balón de las Matildas abrieron la puerta. Una mala entrega de Mackenzie Arnold encendió las alarmas en la zaga local. México olió debilidad y se soltó. En el 18, Nicolette Hernández encontró a Saldívar en el área; el disparo se fue cruzado, cerca del palo corto, en otra ocasión que pudo haber cambiado el marcador.
El descanso llegó con 0-0. Australia mandaba en posesión y en número de tiros, pero sin un solo disparo realmente intimidante. México, con apenas un par de intentos, ya había demostrado que cada pérdida en la medular podía ser un problema serio.
La segunda parte: asedio sin premio
Tras el descanso, el guion se aceleró. Las Matildas salieron a morder. Van Egmond, Sayer y Foord conectaron en una jugada limpia que buscaba a Kerr en el corazón del área, pero el centro llegó sin fuerza y la capitana solo pudo peinar el balón a las manos de Barreras.
El impulso australiano se mantuvo varios minutos. Fowler probó desde lejos, sin potencia. Kennedy empezó a pisar más campo rival, llegando al borde del área, sumándose al ataque como en sus mejores días en la Copa de Asia, aunque sin la misma puntería. Kerr, Foord y luego Hayley Raso acumularon medias ocasiones, remates bloqueados, centros que no encontraban rematadora.
El estadio rugía cada vez que Foord arrancaba por la izquierda, una y otra vez. El problema era que México ya le había leído todos los movimientos. Reyes y sus compañeras cerraban el carril con una frialdad admirable. Muchas carreras, poca sorpresa.
La mejor advertencia mexicana del segundo tiempo llegó al 54: Carpenter perdió un balón en el centro del campo, un envío largo activó de nuevo a Saldívar y Catley, en su intento de despejar, resbaló. La joven atacante se plantó sola, pero su disparo salió alto y desviado. Fue el fallo de la noche y un respiro enorme para Australia.
Montemurro movió el banquillo: entró Raso por Sayer, más tarde Charlize Rule, Alex Chidiac y Courtney Nevin para dar piernas nuevas en los costados y en la medular. México respondió con una batería de cambios que incluyó a la veterana y en forma Charlyn Corral. El mensaje era claro: el amistoso no se negociaba, se competía.
El tramo final, un intercambio de golpes
Con el reloj acercándose al 80, el partido se abrió. Australia, empujada por los 23.167 aficionados en Newcastle, adelantó líneas y se volcó. México aceptó el intercambio, sabiendo que cada recuperación podía convertirse en una contra letal.
Foord siguió insistiendo por la izquierda, incluso tirando de recursos técnicos, tacos y recortes en la frontal. Pero casi siempre se encontraba sola, sin sincronía con el resto. Una combinación prometedora terminaba en un pase suave a las manos de Barreras, otra en un centro bloqueado que parecía anunciado desde lejos.
Al otro lado, México empezó a oler sangre. Ordóñez tuvo una primera aproximación peligrosa a diez minutos del final, salvada por un resbalón en el momento clave. Poco después, una transición rápida obligó a Carpenter a intervenir de emergencia. La defensa australiana, hasta entonces relativamente segura en el último metro, comenzaba a deshilacharse.
En el 89, el choque se rompió del todo. Kerr encontró espacio y arrancó hacia el área, pero la cerraron antes del disparo. La respuesta mexicana fue inmediata: centro raso que cruzó el área pequeña y obligó a Arnold a estirarse para evitar el remate de Corral. En el córner posterior, México dispuso de un cabezazo franco que se marchó fuera. El ambiente cambió. El equipo que parecía cerca del gol ya no era solo el local.
El golpe definitivo de Ordóñez
Cuando el partido parecía condenado a un 0-0 pedagógico, que dejaba lecciones pero no cicatrices, llegó la jugada que lo cambió todo. Minuto 90+2. México lanza una transición perfecta, superando líneas con una oleada de camisetas verdes avanzando en bloque. La zaga australiana retrocede sin orden, desbordada.
Alice Soto, con calma y claridad, filtra el pase justo. Ordóñez aparece completamente liberada por la derecha del área. Control, mirada rápida y definición seca, cruzada, imposible para la estirada del guante derecho de Arnold. 0-1. Estadio en silencio, banquillo mexicano en ebullición.
El tanto no cayó del cielo. Llevaba varios minutos anunciándose, entre pérdidas en el medio, desajustes defensivos y un rival cada vez más confiado en su plan. Australia, que había “parecido” más cerca del gol durante buena parte de la segunda mitad, acabó atrapada en su propia falta de contundencia en las dos áreas.
Autocrítica y advertencia
Joe Montemurro no maquilló nada tras el pitido final. Admitió que el equipo se atascó en el último tercio, que no supo “ser despiadado” cuando tocaba y que México, un rival elegido precisamente por su agresividad y su presión hombre a hombre, planteó problemas desde que ajustó su presión a los 20 minutos de la primera parte. Reconoció también que el desorden en el mediocampo resultó tan inquietante como la falta de puntería.
Caitlin Foord, una de las más activas, fue igual de directa: hay que “ajustar” atrás cuando el equipo se cansa y no permitir que se abran tantos espacios, y en ataque mejorar el último pase y la cantidad de tiros claros. Contó que el cuerpo técnico le pidió que siguiera encarando en el área, buscando incluso un posible penalti. No llegó. Tampoco el gol.
La derrota tiene un matiz estadístico incómodo: es apenas la segunda vez que México vence a Australia en 12 enfrentamientos. Pero el dato importa menos que la sensación. El Tri Femenil, en plena racha de nueve partidos sin perder y con un reciente triunfo ante Brasil en el bolsillo, confirmó que su ranking no refleja su nivel real. Compite como una selección de élite.
Australia, por su parte, sabe que este es solo un paso en una preparación larga hacia 2027. El martes, en el CommBank Stadium de Parramatta, espera la revancha inmediata ante el mismo rival. La pregunta es clara: ¿bastarán cuatro días para encontrar el filo que hoy les faltó, o este 0-1 quedará como el primer aviso serio de que a las Matildas aún les falta algo para codearse con las mejores en Brasil?
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