Matias Fernandez-Pardo: El Fichaje que Cambia el Newcastle United
Que Matias Fernandez-Pardo fuera el último fichaje de un verano de montaña rusa en Newcastle United no fue casualidad. Fue casi una declaración de intenciones.
El belga había sido el objetivo prioritario del club antes incluso de que se abriera el mercado. Sin embargo, su llegada se convirtió en un rompecabezas: negociación delicada con Lille, una operación compleja, tiempos ajustados. Solo en los compases finales del verano, cuando la ventana ya agonizaba, Newcastle consiguió cerrar el acuerdo.
El desenlace dejó una imagen potente: un delantero entra, otro se va.
En la misma tarde en la que se anunciaba la incorporación del veloz Fernandez-Pardo, el gigantesco Nick Woltemade, fichaje récord del club, ultimaba su cesión a Juventus. Woltemade apenas llevaba un año en Tyneside, pero este no ha sido un verano cualquiera. Ha sido un verano de ruptura.
Un club que cambia de cara
El terremoto empezó en el banquillo. Eddie Howe dimitió en julio. En su lugar, llegó Matthias Jaissle, apenas unas semanas antes del arranque del nuevo curso. Cambio de mando, cambio de tono.
En el vestuario, el movimiento fue igual de profundo. El capitán Bruno Guimaraes encabezó la lista de salidas de peso. Ocho caras nuevas cruzaron la puerta de entrada. Los registros históricos del club en gasto y en ventas en una sola ventana quedaron pulverizados. Este fue el verano que cambió la cara de Newcastle.
La sacudida, en realidad, llevaba tiempo anunciándose. En abril, el club comunicó que Kieran Trippier se marcharía al final de su contrato. Tenía 34 años y se acercaba al tramo final de su carrera, pero su adiós se sintió fuerte en el vestuario, donde ejercía como una figura clave.
“Fue emotivo para mí, por supuesto, porque amaba tanto al club y Newcastle me dio tanto a cambio”, confesó meses después, ya como jugador de Wolves. Trippier habló de respeto, de irse en el momento adecuado, de mantener el vínculo con la afición. Un cierre elegante para uno de los líderes del proyecto.
Las siguientes ventas importantes, las de Anthony Gordon a Barcelona y Sandro Tonali a Tottenham, no sorprendieron tanto. Permitían cuadrar cuentas, cumplir con las normas financieras y, a la vez, reinvertir. Formaban parte de un plan.
Lo que nadie dentro del club contemplaba era perder a su talismán: Bruno Guimaraes.
La imagen de una temporada dura
La escena que lo resume todo llegó en la última jornada de la pasada Premier League, en la derrota ante Fulham. Exhausto, Guimaraes cayó al césped, se desató las botas incluso antes de que llegara el fisioterapeuta y miró al banquillo pidiendo el cambio. El cuerpo dijo basta.
Newcastle terminó duodécimo, muy por debajo de las expectativas de la directiva, sin el ansiado billete europeo y sin los millones que eso habría supuesto. En ese contexto, la idea de una renovación de Bruno se evaporó rápido. Una persona implicada en su traspaso de 75 millones de libras a Arsenal lo dejó claro: no había opción real de ampliarle el contrato.
Tras haber perdido a Alexander Isak a manos de Liverpool el verano anterior, Newcastle acabó vendiendo a su cuarto jugador clave en menos de un año. Y no solo eso: también vio cómo se escapaban dos objetivos prioritarios, Victor Munoz y Johan Manzambi, que eligieron Liverpool y Aston Villa respectivamente.
Dentro del club, sin embargo, el mensaje fue otro: el mercado se juzga cuando se cierra, no en mitad de la tormenta.
“Que una parte no salga como quieres no significa que abandones el plan”, apuntó una fuente sénior. “Nos mantuvimos en el objetivo, centrados, tranquilos. No hicimos mucho duelo cuando algo salía mal. Girábamos rápido hacia lo siguiente”.
Ese giro se vio, con claridad, en las dos últimas semanas de la ventana.
El giro final del mercado
En la recta final llegaron Amar Dedic para la defensa, Nico Gonzalez para el centro del campo y Matias Fernandez-Pardo para el ataque. Tres fichajes que, para muchos, cambiaron la conversación en torno al equipo.
Adam Widdrington, abonado de temporada, lo percibió desde la grada. Para él, la narrativa dio un vuelco gracias a esas incorporaciones y a dos resultados muy concretos: el 2-2 ante Liverpool y el 0-2 en el campo de Tottenham Hotspur.
“Muchos tertulianos y aficionados de otros equipos tenían a Newcastle marcado para el descenso”, recuerda. “Decían: ‘¿Quién es el entrenador? Nunca he oído hablar de él. ¿Quiénes son estos jóvenes? Habéis perdido a un montón de jugadores’”.
Su veredicto es matizado: no habla de un mercado brillante, pero sí de una ventana “buena” dentro del contexto. En especial, si se compara con el pesimismo que se instaló cuando se confirmó la salida de Bruno Guimaraes.
“En ese momento no parecía que hubiera mucho para inspirar a los aficionados, pero los tres últimos fichajes cambiaron bastante la opinión”, admite.
Un equipo para correr
Ahí encaja Fernandez-Pardo. El delantero belga se ajusta mejor al estilo que Jaissle quiere imponer: un equipo intenso, agresivo, de alta velocidad. En la primera jornada de la Premier League, Newcastle fue el conjunto que más esprints realizó: 138. Un dato que marca la pauta.
El propio Jaissle ya ha señalado la “explosividad” del atacante. Esa chispa que, pese a su esfuerzo y sus buenos números iniciales, no formaba parte del repertorio de Woltemade durante su primer año en el club. El cambio de perfil es evidente.
Fernandez-Pardo, con 21 años, tendrá que adaptarse rápido. Habrá picos y valles, errores y noches grandes. Lo mismo que le espera a un equipo joven, reconfigurado a toda velocidad y obligado a responder desde ya.
Lo que no faltará, según su entrenador, es convicción.
“Siempre tenemos esperanza y creencia”, dijo Jaissle antes de que se rodara el primer balón de la temporada. “Nadie puede quitarnos eso”.
En un Newcastle que ha cambiado de cara, de líderes y de ritmo, esa fe es ahora el hilo conductor de un proyecto que ya no admite pasos atrás.
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