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Liverpool sufre otro inicio desastrozo en la Premier League

El nuevo curso del Liverpool en la Premier League apenas había respirado cuando ya olía a lo peor de la temporada pasada. Cinco minutos. Eso fue todo lo que necesitó el Newcastle para abrir una herida que en Anfield nunca llegó a cicatrizar.

Pérdida de balón en campo propio, metros y metros por delante, y William Osula arrancó como si estuviera solo en el parque. Conducción limpia, mirada al frente y un pase al espacio perfecto para que Anthony Elanga atacara la espalda de la defensa visitante. Control, zancada y disparo cruzado para batir a Alisson Becker. 1-0 y St James’ Park en erupción.

En el otro lado de la pantalla, Jamie Carragher hervía.

La advertencia de Carragher, ignorada

Durante la pretemporada, el excentral del Liverpool y ahora analista de Sky Sports había repetido el mismo mensaje: el equipo era demasiado fácil de atravesar por el centro del campo. Demasiado abierto, demasiado expuesto. El gol de Elanga fue la confirmación, en directo y sin anestesia, de esos temores.

A los pocos segundos del tanto, Carragher acudió a X para soltar su frustración con un mensaje tan simple como demoledor: “LFC midfield all bombing forward – happened all pre season, madness!”

No había táctica avanzada ni grandes gráficos. Solo la constatación de un problema que viene de lejos: todos los centrocampistas se van, nadie guarda la casa.

Un viejo fantasma que el Liverpool no ha sabido espantar

Lo que ocurrió en Tyneside no fue un accidente aislado. La pasada temporada, el Liverpool encajó 53 goles en la Premier League. Una cifra descomunal para un equipo que aspira a títulos y que, durante años, se caracterizó por su solidez estructural.

Con ese dato sobre la mesa, cualquiera habría pensado que el verano traería un fichaje prioritario: un mediocentro defensivo de primer nivel, un auténtico número 6 capaz de apagar incendios antes de que lleguen al área. La ventana de fichajes se abrió a comienzos de junio. La necesidad estaba clara. El tiempo, también.

Hoy es 23 de agosto. Y en esa zona del campo no ha llegado nadie.

Los informes apuntan a que la opción de una gran inversión por Adam Wharton, motor del Crystal Palace, se ha enfriado, según ha señalado Lewis Steele. Un jarro de agua fría para quienes veían en el joven inglés la pieza que podía ordenar el caos.

Mientras tanto, el club mantiene abierta la persecución de Bradley Barcola, extremo del Paris Saint-Germain. Talento por fuera, desequilibrio, gol. Pero el agujero sigue estando por dentro. El equipo necesita un ancla, no solo más pólvora en banda.

Iraola, el descanso y un mensaje que va más allá del vestuario

Sobre el césped, el técnico Andoni Iraola tendrá poco margen para la paciencia. Un arranque de temporada así obliga a levantar la voz en el vestuario al descanso, ajustar alturas, frenar esas carreras simultáneas del centro del campo que dejan al equipo partido en dos.

El problema, sin embargo, no se queda en la pizarra. Toca también la puerta del despacho de Richard Hughes y del equipo de fichajes. La imagen de ese primer gol en St James’ Park —la pérdida, el pasillo central abierto, la zaga corriendo hacia atrás— es exactamente la que debía haberse borrado este verano.

No se ha hecho. Y la Premier no espera a nadie.

El Liverpool ya sabe cómo se siente empezar otra vez con la misma pesadilla. La cuestión es si, con el mercado a punto de cerrarse, el club se atreverá a romper el guion y traer por fin al número 6 que lleva demasiado tiempo posponiendo.