Liam Delap y su regreso a Ipswich: frustración en el empate contra Forest
Liam Delap regresó a Ipswich esperando reconciliarse con el lugar donde se disparó su carrera. Salió de Portman Road con la misma sensación que arrastra desde agosto: frustración, un 1-1 insuficiente y la puntería completamente torcida.
El delantero, convertido en fichaje millonario de Chelsea tras firmar 12 goles con Ipswich en la temporada 2024-25, volvió a Suffolk vestido de Nottingham Forest y con solo dos tantos en la Premier League desde su marcha. El escenario parecía ideal para reencontrarse con el gol. No lo fue. Y su error a 16 minutos del final pesó como una losa en un Forest que solo suma una victoria en ocho jornadas con Oliver Glasner.
Forest manda, Williams golpea
El plan de Glasner se notó desde el primer minuto. Presión alta, agresividad con balón y un mensaje claro: la clasificación no iba a dictar el guion. Forest arrancó el día como penúltimo, pero jugó como un equipo que pelea por Europa.
En el minuto 6 ya avisó Jair Cunha y, acto seguido, Delap desperdició una buena acción colectiva tras la reaparición de Morgan Gibbs-White, que volvió a ser el faro del equipo. Era la primera señal de que la tarde del punta no iba a ser sencilla.
El dominio visitante encontró premio pronto. En el 13, Forest dibujó una jugada marca de la casa de Glasner: Delap aguantó el balón ante Issa Diop, Gibbs-White se anticipó a Dara O'Shea y filtró un pase perfecto hacia Daniel Muñoz. El carrilero levantó la cabeza y sirvió al otro costado, donde Neco Williams apareció solo para enganchar una volea de derechas que superó a Christian Walton. Gol de manual, gol de entrenador.
Ipswich apenas reaccionó con una falta de Julio Enciso que se marchó por encima del larguero. El resto del primer tiempo tuvo color rojo. Gibbs-White rozó el 0-2 y solo una aparición salvadora de Leif Davis sobre la línea evitó que el centrocampista inglés ampliara la ventaja.
Un regalo de Milenkovic cambia el partido
Forest tenía el duelo donde quería. Control, ocasiones y sensación de superioridad. Entonces llegó el error que lo descompuso todo.
A cuatro minutos del descanso, un balón largo de O'Shea cayó en los pies de Nikola Milenkovic. El central controló sin problemas, pero su cesión hacia Matz Sels fue blanda, temeraria. Enciso olió la sangre, aceleró, ganó el duelo y definió raso al palo largo. De la nada, Ipswich se encontró con un 1-1 que no había construido, pero que cambió el clima del encuentro.
Glasner, que había visto a su equipo manejar el partido con autoridad, se marchó al vestuario con un empate que sabía a castigo propio.
VAR, tensión y un perdón inexplicable a Diop
Nada más arrancar la segunda parte, el choque se encendió. En el minuto 47, Diop derribó a James McAtee cuando este se lanzaba hacia portería. Thomas Bramall, el colegiado, dejó seguir. El VAR intervino, el árbitro revisó la acción y solo mostró tarjeta amarilla. Forest protestó con vehemencia. La sensación en el banquillo de Glasner era clara: la acción olía a roja.
El tiro libre posterior se estrelló en la barrera y el momento se esfumó. Pero no el impulso visitante.
Forest volvió a encerrar a Ipswich. En la hora de juego, Williams vio cómo su disparo era bloqueado dentro del área y, en la misma jugada, Murillo giró sobre sí mismo y obligó a Walton a intervenir. El central brasileño volvió a rondar el gol poco después, y Dan Ndoye también se topó con la defensa local. Otra vez Davis, imperial bajo palos ajenos, apareció para sacar un balón que ya se cantaba.
El gran momento de Delap… y otro fallo
Con Ipswich colgado del marcador y Forest empujando, el duelo quedó a la espera de un detalle. Ese detalle le cayó a Delap.
Abdoul Ouattara midió mal un despeje y dejó el balón servido en el área. El delantero, solo, con tiempo para elegir, conectó un cabezazo que se marchó por encima del larguero. Portman Road contuvo la respiración. El propio Delap se llevó las manos a la cabeza. Era la ocasión que había buscado durante toda la noche.
No fue la última. Desde unos 30 metros, el punta se atrevió con un disparo poderoso, un auténtico cañonazo que rozó el poste. El gesto técnico fue impecable, el desenlace, el de siempre en este inicio de curso: el balón fuera, el gol que no llega.
Glasner, que había apostado por él pese a sus fallos recientes ante Crystal Palace, mantuvo la fe hasta el final. Se marchó con un punto, con la certeza de que su equipo fue muy superior y con la preocupación de que esa superioridad no se traduce en victorias.
Forest mostró un plan, una identidad y una intensidad de equipo grande. Le falta lo que suele decidir temporadas enteras: un delantero que convierta el dominio en triunfos. Y esa respuesta, para bien o para mal, pasa por las botas —y la cabeza— de Liam Delap.
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