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José Mourinho enfría la euforia antes del Clásico

En la víspera de un Clásico siempre se habla de estados de forma, de goleadas recientes, de rachas. José Mourinho, en cambio, se encargó de pisar el freno. El técnico de Real Madrid compareció ante la prensa antes del duelo de mañana, correspondiente a la décima jornada de la Liga española, y dejó un mensaje nítido: el Clásico es otra cosa.

“Estamos pasando por un buen momento, estamos jugando bien y marcando goles”, admitió. Hasta ahí, la foto del presente blanco. Pero el giro llegó en la siguiente frase: “Lo que hemos hecho antes no cuenta para nada en el Clásico y no tendrá ningún impacto. Es un partido completamente diferente”.

Ese fue el tono de toda la comparecencia: reconocimiento del buen nivel del equipo, pero rechazo frontal a cualquier triunfalismo. El portugués sabe que estos partidos viven al margen de la lógica.

Sin lecturas fáciles del 4-0 de París

La goleada que encajó Barcelona por 4-0 ante Paris ha sobrevolado la previa como si fuera una pista sobre lo que puede ocurrir en el Bernabéu. Mourinho no compró esa teoría.

“No creo que una derrota en un solo partido vaya a cambiar el estado psicológico del equipo ni su nivel de autoconfianza”, afirmó. Y para que no quedara duda, se puso a sí mismo como ejemplo: “Del mismo modo, tampoco habría cambiado mi estado si hubiéramos perdido contra Leipzig por 1-4”.

Nada de diagnósticos simplistas ni conclusiones rápidas. Para el técnico, un tropiezo son noventa minutos, no un retrato definitivo.

Lamine Yamal, respeto sin renunciar al ADN

El nombre de Lamine Yamal apareció pronto en la sala de prensa. El joven talento de Barcelona se ha convertido en una amenaza real para cualquier defensa y la pregunta era inevitable: ¿plan especial para frenarlo?

Mourinho fue claro. “Todos los jugadores de Barcelona son buenos, y lo mismo se aplica a Real Madrid. Él es un gran jugador, y a los grandes jugadores hay que respetarlos”, concedió.

La clave llegó después. “Pero hay una diferencia entre respetar a un rival y cambiar tus planes y estructuras tácticas y abandonar tu identidad. No lo vamos a hacer, ni contra él ni contra ningún otro jugador que posea una calidad tan excepcional”.

Respeto sí, renuncia no. El mensaje deja entrever un Madrid fiel a su idea, sin marcar el partido en rojo alrededor de un solo nombre, por muy deslumbrante que sea.

Mourinho esquiva el juego dialéctico con Hansi Flick

Otro de los focos de la previa pasa por el banquillo rival. La figura de Hansi Flick, al frente de Barcelona, invita a comparaciones, elogios cruzados y, en ocasiones, a dardos velados. Esta vez no hubo espacio para el fuego verbal.

Preguntado insistentemente por el técnico alemán, “The Special One” cortó en seco cualquier intento de polémica: “No entiendo las preguntas relacionadas con los rivales. Es un gran entrenador y hace un trabajo excelente. ¿Qué queréis que diga?”.

Nada de guerra fría, nada de mensajes envenenados. Solo una respuesta corta, seca, casi incómoda. Como si Mourinho quisiera dejar claro que el partido se jugará en el césped, no en la rueda de prensa.

El Clásico llega con un Real Madrid en buena dinámica, un Barcelona herido en Europa y dos entrenadores de primer nivel frente a frente. Mourinho ya ha fijado el marco: ni euforia, ni pánico, ni obsesión con un solo jugador. La siguiente palabra la tendrá el balón.