Jason Wilcox: De futbolista a director deportivo en Manchester United
Jason Wilcox creció en Bolton, se hizo futbolista en la academia de Blackburn Rovers y terminó convertido en una pieza clave del equipo que conquistó la Premier League 1994-95. Más de 270 partidos en una década con el primer equipo, título de campeón de la máxima categoría inglesa y tres internacionalidades con la selección de Inglaterra. Un extremo fino, efectivo, y ahora uno de los hombres que deciden el futuro de Manchester United.
Colgó las botas en 2006 tras pasar por Leeds, Leicester y Blackpool. Parecía el final de una carrera ligada al césped. No lo fue. En 2012 regresó al fútbol, pero por otro camino: se incorporó al cuerpo técnico de la academia de Manchester City. Desde abajo, paso a paso, hasta llegar a director dentro de la estructura del club. De la línea de cal al despacho.
El siguiente salto llegó en enero de 2023. Southampton lo sedujo para llevarlo a St Mary’s y ponerle al frente del área deportiva. Su reputación como director de fútbol creció rápido. Lo suficiente como para que, en abril de 2024, Manchester United lo fichara primero como director técnico y, poco después, le entregara el rol de director de fútbol. Hoy es una de las voces más influyentes en Old Trafford, tanto en fichajes como en el banquillo. De hecho, ha tenido un papel clave en la elección de Michael Carrick como sucesor de Ruben Amorim.
La presión no es menor. Todo lo contrario. El cargo se ejerce bajo el foco más intenso del fútbol inglés. Hace falta piel gruesa para sobrevivir en un negocio que solo entiende de resultados.
¿Quién es realmente Jason Wilcox?
Colin Hendry, exdefensa de Blackburn y compañero suyo en aquel equipo campeón, lo conoce bien. En declaraciones a GOAL, el escocés lo definió sin rodeos: “Es obviamente un tipo muy inteligente. Era un futbolista listo”. Y no se quedó ahí.
Hendry recordó al Wilcox jugador: “Jason era bueno. Jason era muy efectivo como extremo, con Jason en la izquierda y Stuart Ripley en la derecha. Y cuando tienes dos delanteros como Alan Shearer y Chris Sutton viviendo de lo que ellos generaban, por eso esos chicos prácticamente le ganaron la Premier League a Blackburn. Pero también era el suministro, la cantidad y la calidad de balones que ponían.”
Lo llamativo, admite Hendry, es el giro que ha dado su vida profesional: “Nunca habría pensado, siendo sincero, que acabaría en ese puesto. Pero le fue bien después de su carrera. Montó un negocio, luego estuvo en la academia del Man City, creció allí hasta ser el jefe de la academia, lo ficharon desde Southampton y, desde entonces, le ha ido muy bien.”
La clave, insiste, está en la cabeza de Wilcox: “Y no me sorprende, porque era un futbolista inteligente. A veces los buenos o grandes futbolistas no se convierten en grandes entrenadores o grandes mánagers. Pero Jason ha tomado un camino diferente.”
Para Hendry, el recorrido de Wilcox no es casualidad: “Estoy seguro de que tenía un buen negocio privado en marcha en su vida y acabó en el City, creciendo, subiendo peldaños en la academia del Man City como entrenador y luego cumpliendo todos estos roles distintos.”
Y detrás del directivo serio hay un personaje muy distinto: “Es un tipo gracioso. Jason era muy agudo, con una réplica muy rápida. Hacía una imitación muy buena de Ray Harford y de Kenny Dalglish. Tenía un par de buenas imitaciones del jefe y de Ray, que en paz descanse. Y también de Tony Parkes, que en paz descanse. Jason era un cómico, siendo honesto.”
De los chistes en el vestuario a mover el mercado
Hoy, Wilcox ya no desborda por la banda, pero dirige el juego desde otro lugar: marca la línea de la política de fichajes en Manchester United. Un rol que, con los años, se ha vuelto tan influyente como polémico. La figura del director deportivo ha concentrado críticas, sobre todo cuando las decisiones deportivas parecen tomarse por encima del entrenador.
Hendry asume que el fútbol ha cambiado: “El juego ha avanzado. El reclutamiento es un trabajo en sí mismo.” Y ahí entra en escena el nuevo poder de perfiles como Wilcox.
El exdefensa describe un proceso cada vez más complejo: “Para un profano, piensas en todas estas cosas distintas, criterios que tienen los jugadores, y hoy en día en la élite se mira todo. Se mira todo: su vida social, su educación, se remontan muy atrás. Y lo entiendo, pero no sé cuánto de todo eso afecta realmente a ese individuo como futbolista.”
En medio de tantos datos, informes y departamentos, Hendry defiende una línea roja: la voz del entrenador no puede desaparecer. “Creo que el mánager, el entrenador, el hombre que elige el equipo el sábado para jugar ese partido, debería tener voz en quién entra en la plantilla”, subraya.
Sabe que la teoría choca con la realidad económica: “Y sé que no siempre es así, porque están los fondos y todo lo demás, tienes tantas cosas distintas en las que pensar. Y cuando hablo de fondos, me refiero al presupuesto que tienen para gastar, los salarios y todo lo demás. Todo eso hay que tenerlo en cuenta porque el club tiene que estar bien gestionado. Eso también lo entiendo.”
Aun así, no cede en el punto principal: “Pero creo que el hombre principal debería tener algo de influencia en lo que busca para su plantilla.”
En ese tablero se mueve ahora Jason Wilcox. Entre la presión del mercado, las exigencias del banquillo y la mirada implacable de Old Trafford. De extremo suministrador de balones a Shearer y Sutton, a arquitecto de un proyecto que debe devolver al United a la élite. La pregunta ya no es qué tipo de jugador fue, sino qué tipo de club está construyendo.
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