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Jarrad Branthwaite: El pilar del Everton en Londres

El grito del público local cambió de tono. De la ilusión al ruego. De la confianza al puro desespero. En ese clima, con el área abarrotada y el balón colgando del cielo de Londres, Jarrad Branthwaite se elevó más que nadie, despejó de cabeza y encajó el golpe que ya sabía que iba a llegar antes incluso de despegar los pies del césped. Cayó, se levantó. Como había hecho toda la tarde.

Fue una imagen perfecta para cerrar el partido. El central terminó el encuentro como lo había empezado: poniendo el cuerpo, tapando agujeros, sosteniendo a un Everton que pasó media tarde al borde del colapso mientras Tottenham Hotspur arrancaba con una intensidad feroz, cargando por fuera, hundiendo a los laterales visitantes y empujando al límite a su mediocampo.

Matheus Fernandes, Omar Marmoush, Dominic Solanke y Savio destrozaron el plan de partido de Everton en los primeros minutos. Se movieron entre líneas, atacaron los espacios, exigieron a los centrales. Generaron caos. Lo que no generaron fue el primer gol de la temporada en Premier League para los suyos. La explicación tenía nombre y apellidos: Jarrad Branthwaite.

El jugador que sostiene a todo un proyecto

No hay futbolista que condicione más el techo de este Everton que el defensa de 24 años, titular en los cuatro partidos de liga del curso. En el club nadie da por sentada su disponibilidad. Se sueña con verlo de nuevo en la selección de Inglaterra este mes, pero ese deseo convive con el miedo a sobrecargar a un jugador que ya perdió una temporada entera por lesión.

Su potencial es evidente. Y en el norte de Londres volvió a dejarlo claro. Spurs arrojó al campo más de 400 millones de libras en talento ofensivo contra la zaga visitante. Ninguno encontró la forma de derribar al fichaje de 1 millón procedente de Carlisle.

Cada ataque desperdiciado por Tottenham iba apagando el murmullo inicial del estadio. La esperanza del inicio se convirtió en ansiedad, y la ansiedad, en desesperanza. Muchos aficionados comenzaron a abandonar sus asientos antes del pitido final. Para colmo, la única vez que Jordan Pickford tuvo que emplearse de verdad fue ya en el tramo final, ante un disparo de Lucas Bergvall. Y esa ocasión nació de un error propio del portero al sacar el balón.

Cuando Darren England señaló el final, la diferencia en las reacciones fue brutal. Los locales, despedidos con abucheos. Los jugadores de Everton, acompañados por cánticos mientras se acercaban a agradecer el apoyo de su hinchada desplazada.

Un punto trabajado, no una obra maestra

La actuación del equipo de David Moyes mereció respeto, pero no fue una exhibición. En la primera parte apenas pudieron respirar. Tottenham les acorraló y Everton no generó absolutamente nada hasta el descuento, cuando un lanzamiento de falta de James Garner obligó a Antonin Kinsky a estirarse para desviar el balón a córner.

Tras el descanso, el guion cambió. No de golpe, pero sí con decisión. Everton salió con otra cara, con una confianza que creció jugada a jugada. Thierno Barry rozó el 0-1 en el segundo palo, otra vez con Kinsky respondiendo a la altura. Ese aviso encendió aún más los nervios en la grada local.

Los minutos pasaban y el equipo aún sin victorias se encogía. Cada pérdida, cada pase atrás, cada balón dividido alimentaba los silbidos. Kinsky complicó aún más el ambiente cuando jugó en corto hacia Kiernan Dewsbury-Hall, que terminó disparando al muñeco. Fue una ocasión clara, desperdiciada.

Poco después, el propio Dewsbury-Hall encontró la carrera de Brennan Johnson, que irrumpió en el área con todo a favor. El remate se marchó alto y desviado, una definición impropia del contexto: esa jugada pedía red, pedía rugido, pedía alivio. No llegó nada de eso.

Orgullo, lamento y una certeza

Everton abandonará el norte de Londres con sentimientos encontrados. Habrá lamento, porque el partido se abrió en la segunda mitad y hubo situaciones para dar un golpe mayor. Pero también habrá orgullo. Por el escenario, por el mal historial reciente en este campo, por el vendaval inicial que aguantaron sin romperse. Y porque, pese al ruido institucional que rodea al club desde las primeras semanas de la temporada, el equipo sigue invicto. Y no por casualidad.

Camino de la sala de prensa, un periodista resumió la sensación general: en la segunda parte, Spurs pareció más lejos del gol que en cualquier otro momento de la temporada. No fue una frase grandilocuente. Fue una descripción exacta de lo que se vio.

En el centro de todo, otra vez, estaba Jarrad Branthwaite. Un central de 1 millón de libras al que, ahora mismo, ni 400 millones en ataque consiguen derribar. ¿Cuánto puede crecer este Everton si su pilar atrás sigue levantándose una y otra vez del césped como hoy?