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Francia se derrumba en Miami: Deschamps y una despedida amarga

La noche en Miami destapó todas las grietas de Francia. Desde el primer silbatazo, el equipo de Didier Deschamps se vio desbordado, superado, casi desorientado. Inglaterra olió sangre y no perdonó: 4-0 antes del descanso. Un marcador que no solo hablaba de fútbol, sino de actitud.

La reacción llegó tarde. Demasiado tarde.

Un primer tiempo “vergonzoso”

El caos francés se vio en cada duelo perdido, en cada desajuste defensivo, en cada gesto de resignación. Inglaterra jugó con una intensidad que Francia ni siquiera rozó en esos 45 minutos iniciales. El resultado fue demoledor.

Adrien Rabiot, uno de los pocos que mantuvo el nivel mínimo competitivo, no maquilló nada tras el pitido final. El centrocampista de AC Milan fue directo al corazón del problema ante los micrófonos de beIN SPORTS.

“Empezamos el primer tiempo de forma bastante vergonzosa”, lanzó, sin rodeos. Y fue más allá: “Vi comportamientos de algunos jugadores que nunca había visto. Es un poco decepcionante porque era el último partido para hacerlo bien en esta competición”.

No era solo una crítica al juego. Era un dardo a la actitud, a la seriedad con la que parte del grupo afrontó un partido oficial que, sobre el papel, debía servir para cerrar el torneo con algo de dignidad tras la derrota ante España.

Rabiot insistió en esa idea: “Hay mucha decepción después de la derrota contra España, pero había trabajo que hacer hasta el final y no podemos contentarnos con jugar de manera tan descuidada. Hablamos en el descanso; nos dijimos que había que mostrar orgullo, y fue mucho mejor en la segunda parte porque en la primera, algunos comportamientos fueron inaceptables”.

Tensión en la banda y un vestuario al límite

El malestar no se quedó en declaraciones. Se vio en directo. Durante una pausa para hidratación en la primera parte, las cámaras captaron una discusión encendida entre Rayan Cherki y Deschamps en la banda. Gesto serio del seleccionador, respuesta airada del joven. Una imagen que resumió el clima: nervios, frustración y una autoridad cuestionada en el último día de un ciclo de 14 años.

Francia mejoró tras el descanso. Marcó cuatro goles, atacó con más orgullo que plan, y por momentos pareció capaz de maquillar la debacle. Pero el agujero del primer tiempo era demasiado profundo. Inglaterra siguió golpeando y el partido terminó en un 6-4 que sonó casi a partido de exhibición, pero que dejó una sensación muy distinta: desorden, desconexión y una selección partida en dos.

Un partido que nadie quería… y se notó

Deschamps ya había avisado antes del encuentro. Sin rodeos, reconoció que el duelo por el tercer puesto no motivaba a casi nadie: “England no quiere jugar este partido y nosotros tampoco”. Su lectura se cumplió al pie de la letra en la primera parte de Francia: un equipo sin alma, sin intensidad, sin la mínima concentración que exige un rival del nivel inglés.

El problema es que, cuando un seleccionador verbaliza esa falta de motivación y el equipo sale al campo a medio gas, la factura suele ser alta. Y esta vez lo fue. No solo en el marcador, también en la imagen. La última imagen de la era Deschamps.

Final gris para una era dorada

Catorce años después de tomar las riendas, Deschamps se despidió del banquillo francés con un partido que difícilmente querrá volver a ver. No hubo homenaje en el césped, ni una actuación sólida que hiciera justicia a los títulos y finales que marcaron su mandato. Hubo reproches, tensiones internas y una defensa desbordada por una Inglaterra que jugó liberada, con la sensación de querer cerrar su propio torneo con la cabeza alta.

Declan Rice lo resumió desde el lado inglés: “Este es el mejor grupo de England en mucho tiempo. Es un hecho. Nadie puede quitarnos eso. Creo que podemos estar orgullosos como grupo. Estamos destrozados por haber perdido esa semifinal”.

Orgullo pese al golpe. Cohesión pese al tropiezo.

El contraste con Francia fue evidente. Mientras Inglaterra salió de Miami reforzada en su convicción de grupo, Les Bleus dejaron la sensación de un vestuario agotado, dividido, con voces críticas como la de Rabiot marcando el tono de un final de ciclo turbulento.

La etapa de Deschamps se cierra con títulos, finales y una huella imborrable en la historia de la selección. Pero su último capítulo, un 6-4 caótico ante Inglaterra y una lluvia de reproches internos, abre otra pregunta inevitable: ¿quién y cómo va a recomponer ahora el orgullo de Francia?