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Francia avanza a semifinales con autoridad

La selección de Didier Deschamps ya está en semifinales. Francia apagó el sueño de Marruecos con un 2-0 autoritario, trabajado, de esos que no necesitan estruendo para imponer jerarquía. Paciencia con balón, solidez atrás y la sensación constante de que el gol caería tarde o temprano. Ahora espera en la penúltima estación el ganador del duelo entre España y Bélgica. Partido grande garantizado.

Francia, gigante que aún se mira al espejo

En el centro de todo, otra vez, Kylian Mbappé. Pero su discurso, lejos de la autosatisfacción, sonó a advertencia interna.

“Fui campeón en 2018 y subcampeón del mundo en 2022 y este equipo todavía no ha logrado nada”, recordó el delantero, que presenta una cifra descomunal: 20 goles en 20 partidos de Copa del Mundo, con cuatro de ellos en finales. Números de leyenda en activo.

Mbappé, que lidera la tabla de goleadores de esta edición con ocho tantos, igualado con Lionel Messi, no quiso alimentar el relato de una Francia ya instalada en el Olimpo.

“Por lo que sé, este grupo no ha ganado nada todavía. Siempre he dicho que los equipos más fuertes son los que ganan trofeos. No es el caso de este equipo aún, así que no, no es el más fuerte”, remató, con una mezcla de ambición y exigencia que marca el tono del vestuario.

Y, sin embargo, el propio delantero admite que algo especial se está cocinando. “Es el que tiene más potencial. Hay tantas cualidades en esta plantilla que te permite soñar”. Soñar, sí. Dar por hecho, nunca.

Un país de finales

Los datos sostienen la sensación de era dorada. Francia ha alcanzado cuatro de las últimas siete finales de la Copa del Mundo: campeón en 1998 y 2018, derrotada en 2006 y 2022. Una presencia casi obsesiva en el partido que define la historia de cada generación.

Si el equipo de Deschamps se planta en la final del 19 de julio en Nueva York, la comparación será inevitable: West Germany, la Alemania Federal que dominó los grandes torneos con cuatro finales entre 1974 y 1990. El molde del “equipo de torneo” por excelencia.

Francia se mueve ya en ese territorio. Pero dentro del grupo nadie quiere escuchar todavía la palabra “dinastía”.

“Conocemos el potencial de este equipo. Pero tenemos que demostrarlo en el campo. Tenemos confianza, aunque aún tenemos mucho que probar si queremos ser considerados como un equipo casi imbatible”, subrayó Mbappé. Casi imbatible. El matiz importa.

Blindaje atrás, pólvora adelante

El camino hasta estas semifinales ha afinado el perfil del equipo. Tras una fase de grupos con grietas defensivas evidentes, la selección francesa no ha encajado un solo gol en las eliminatorias. Ese giro no es casual.

Manu Koné, sustituto del lesionado Aurélien Tchouaméni, firmó una actuación muy sólida ante Marruecos. Leyó bien los espacios, protegió a los centrales y dio equilibrio en un partido que pedía cabeza fría más que fogonazos individuales. En un torneo largo, encontrar un relevo fiable en el corazón del mediocampo vale casi tanto como descubrir un goleador.

Arriba, en cambio, no hubo sorpresas. Mbappé y Ousmane Dembélé volvieron a marcar las diferencias y sostuvieron una estadística de peso histórico: Francia se convirtió en el primer equipo de un Mundial con dos jugadores alcanzando al menos cinco goles desde aquel Brasil de 2002, el de Ronaldo (ocho) y Rivaldo (cinco).

Aquella selección brasileña acabó levantando el último de sus cinco títulos mundiales. La referencia no pasa desapercibida en el entorno francés. Pero Mbappé la mira con frialdad: si Francia no llega, como mínimo, a la final, la comparación se deshace.

La cuenta que de verdad importa

Goles, récords, rachas, comparaciones con leyendas. Todo eso alimenta titulares, pero no el palmarés. Mbappé lo sabe mejor que nadie a sus 27 años, ya con dos finales de Copa del Mundo a la espalda.

Él y su generación se mueven en una delgada línea: la que separa a un equipo brillante de un equipo histórico. Las semifinales marcan esa frontera. No basta con asustar, hay que rematar.

Las cifras de Francia invitan al respeto. El propio juego, en esta fase del torneo, también. Pero en un país que ya ha probado la gloria y el desgarro en finales recientes, solo hay una pregunta que cuenta de verdad:

¿Será este Mundial el que convierta a este grupo, por fin, en algo más que un potencial descomunal?