Everton brilla en Edimburgo con victoria ante Newcastle
A diez días del inicio de la Premier League, Everton dejó en Murrayfield Stadium una actuación seria, intensa y, por momentos, brillante. Victoria 3-1 ante Newcastle United, otro rival de la élite inglesa, en una noche que sirve para calmar dudas y afinar ideas en la pretemporada del equipo de David Moyes.
Los de Liverpool llegaban golpeados por el 3-1 encajado en Stuttgart y por un verano de resultados irregulares. Al otro lado, un Newcastle en plena sacudida: adiós a Eddie Howe, ventas de piezas clave como Anthony Gordon, Sandro Tonali y Bruno Guimaraes, y la llegada de Matthias Jaissle para abrir una nueva etapa. El contexto olía a prueba seria, aunque fuese “solo” un amistoso.
Branthwaite, descanso planificado y guiño a Escocia
Everton afrontó el encuentro sin Jarrad Branthwaite, ausente por decisión programada dentro de su plan de reintegración tras la lesión de isquiotibiales sufrida al final de la pasada temporada. El central, que había sido capitán y jugado 80 minutos en Stuttgart, también había participado en los amistosos ante Bolton Wanderers y Hamburg. El club ya ha marcado la hoja de ruta: mañana volverá a entrenar con normalidad en Finch Farm y apunta al último ensayo veraniego frente a LOSC Lille en Hill Dickinson Stadium.
En el once, pocos sobresaltos. Nathan Patterson ocupó el lateral derecho, un detalle que sonó casi a homenaje a su Escocia natal en la capital escocesa. Iroegbunam siguió de baja tras lesionarse muy pronto en Stuttgart, mientras que fichajes como Norgaard y Johnson aún no entran en la rotación real de Moyes: todavía deben integrarse y ganarse la confianza competitiva del técnico.
Newcastle manda, Everton golpea
El balón fue de Newcastle desde el primer pitido. Vestidos de rosa, los de Jaissle se adueñaron del arranque y obligaron pronto a Mark Travers a intervenir ante un intento de Wissa. Los primeros cinco minutos fueron un monólogo de las “Urracas”, con un córner incluido, mientras Everton apenas encadenaba pases.
Los de Moyes sufrían para salir. Barry era frenado con faltas cuando intentaba conducir desde el centro, Ndiaye también caía derribado y hasta los despejes hacia Travers se complicaban. Toure cargaba el juego por la izquierda y surtía de centros a un Wissa muy activo. Mykolenko se enredó en su propia área y Elanga casi lo castiga, pero Travers reaccionó con una gran mano para mandar el disparo a córner.
El partido cambió de tono en el minuto 14. Por fin Everton se atrevió a mirar hacia delante. Patterson se proyectó por derecha y puso un centro excelente al segundo palo; Dewsbury-Hall llegó algo tarde, pero el mensaje quedó claro: los de azul no iban a pasar la noche entera encerrados.
Hackney empezó a robar balones y a lanzar a Barry, aunque el joven atacante se quedó a medio camino entre el disparo y la asistencia. George, muy participativo, encadenó varias arrancadas prometedoras que murieron por falta de decisión en el último toque. Newcastle respondió con más presencia en el área rival, y Wissa incluso intentó forzar un penalti ante Hackney, sin convencer al árbitro.
El choque se abrió. Toure siguió colgando centros peligrosos y, en una pérdida de Hackney, Wissa se plantó con todo a favor. Entonces apareció Tarkowski, imperial, para desactivar el mano a mano y encender el contraataque que cambió el partido.
Barry y Ndiaye marcan el rumbo
De esa acción nació el 1-0. Keane lanzó un balón largo que Barry no pudo controlar de primeras, pero el delantero no se rindió: recuperó, se zafó de dos defensores y, cuando parecía que la jugada moría, Armstrong cazó el rechace y filtró un pase perfecto. Theirno Barry, en carrera, cruzó raso al segundo palo para batir al guardameta (28’). Gol de delantero con instinto, gol que premió la fe.
Everton olió sangre. Barry volvió a ser derribado por Joelinton, esta vez con más contundencia, aunque la falta se desaprovechó al jugarse hacia atrás. Poco después, una combinación limpia dejó a Ndiaye con una ocasión clarísima, pero el nuevo portero de Newcastle salvó a los suyos con una parada de mérito.
La insistencia tuvo premio. Mykolenko filtró un buen pase para Dewsbury-Hall, Joelinton se excedió otra vez en la entrada y esta vez no hubo duda: penalti. Iliman Ndiaye tomó el balón, respiró y lo mandó ajustado, abajo, imposible para el guardameta (35’). 2-0 y un golpe directo a la moral de un Newcastle cada vez más irritado.
Patterson, enorme en la presión, robó a Joelinton y se lanzó en una potente cabalgada por la derecha. El balón acabó en los pies de Dewsbury-Hall, que dudó demasiado, y cuando cedió a George, el área ya estaba repleta de camisetas rosas. Wissa dejó un recado feo en una entrada dura que solo se saldó con falta, mientras el bloque defensivo de Everton, con Tarkowski al mando, mantenía el orden y el marcador.
Al descanso, 2-0. Everton, práctico y vertical. Newcastle, dominador del balón pero atascado ante un rival muy serio atrás.
Oleada de cambios y un golazo para enmarcar
Jaissle movió el banquillo de arriba abajo en el descanso. El aire fresco dio algo más de filo a Newcastle. Jacob Murphy encontró la espalda de Mykolenko y conectó un disparo raso que obligó a Travers a lucirse con otra gran parada. Hackney respondió con un envío largo hacia Barry, pero el control del delantero fue muy pobre y un defensa le arrebató la opción.
George, siempre incisivo, puso un centro tenso buscando a Ndiaye, aunque el bote alto le jugó una mala pasada al senegalés. Everton se vio obligado a replegar y a juntar líneas para contener el empuje de los recién entrados. Cuando pudo respirar, lo hizo con criterio… hasta que Mykolenko arruinó una buena subida con un centro sin sentido.
Dewsbury-Hall se soltó entonces. Condujo, combinó y encontró a Hackney, que habilitó a George para su clásico disparo con rosca, esta vez demasiado abierto. Newcastle siguió intentando explotar la banda de Mykolenko, pero una de las mejores llegadas quedó anulada por fuera de juego.
Everton se asentó con posesiones más largas, aunque muy horizontales, casi siempre terminando en los pies de Travers. Barry forzó una falta de Miley en una conducción interior y Dewsbury-Hall rozó el 3-0 con un lanzamiento envenenado que el portero desvió a córner junto al poste.
Los intentos se acumulaban: disparo bloqueado de George, pared de lujo entre Hackney y George que acabó con el primero en el suelo sin pena máxima, y un remate de Ndiaye que se marchó muy alto tras recortar hacia dentro. Mykolenko, esta vez sí, defendió con firmeza un córner y Barry desperdició una contra con un pase pésimo.
Moyes agitó también su banquillo pasada la hora de juego. Barry lideró otra transición y soltó a George, que dudó un segundo antes de que Dibling cayera en el área tras un brazo en el rostro. El árbitro dejó seguir. Armstrong cambió el juego hacia Dibling, cuyo primer centro se perdió por línea de fondo, pero el segundo, tras un córner, fue una delicia que casi encuentra rematador.
Everton jugaba ya con confianza. George, encendido por la izquierda, ganó un córner que Hackney puso con intención al segundo palo. Faltaba el detalle de calidad. Y llegó.
La obra de arte de Tyrique George
El mejor momento de la noche nació de los pies de Tyrique George. El joven atacante encaró, aceleró y se apoyó en Armstrong. El mediocampista, con sangre fría, pisó la pelota, levantó la cabeza y, en lugar del pase obvio, sacó un envío al revés, tenso y preciso, al espacio justo. George giró sobre sí mismo como un bailarín, se acomodó el cuerpo y soltó un disparo raso, seco, pegado al palo (73’). Golazo. De los que se recuerdan en una pretemporada.
Everton se gustó a partir de ahí. Salió jugando desde atrás con criterio, George habilitó a Aznou por la izquierda y su centro fue bloqueado. Ramsey frenó a Armstrong con un placaje casi de rugby que increíblemente no vio tarjeta. Dibling siguió castigando por banda, colgó un balón peligroso al área… y nadie llegó a empujarlo.
Newcastle, herido en el orgullo, encontró por fin un resquicio. Jacob Murphy apareció de nuevo por derecha y puso un centro medido al corazón del área. Barnes atacó el envío y definió con un toque limpio, ajustado, para el 3-1. Un gol que maquilló el marcador pero no cambió el guion de la noche.
Un ensayo que vale algo más que un resultado
Moyes rotó con cabeza: Patterson dejó su sitio a Röhl, Keane a O’Brien, Mykolenko a Aznou, mientras Dibling, Alcaraz, Beto y Foster sumaban minutos desde el banquillo. Travers, sólido bajo palos; Tarkowski, dueño de su área; Armstrong y Hackney, mandando en la medular; George, desatado por fuera. La estructura, al menos en Edimburgo, funcionó.
Everton se marcha de Murrayfield con algo más que un triunfo de verano. Se lleva confianza, asociaciones interesantes y la sensación de que, cuando se suelta, tiene fútbol para castigar a cualquiera. La última prueba, ante LOSC Lille, dirá si este equipo está listo para que lo que hoy fue un amistoso se convierta en una costumbre en la Premier League.
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