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Cristiano Ronaldo se despide del Mundial con lágrimas y legado

Cristiano Ronaldo se despide del Mundial entre lágrimas, pero en paz consigo mismo. El sexto y último capítulo mundialista del capitán de Portugal terminó de la forma más cruel: un gol de Mikel Merino en el tiempo de descuento, un 1-0 para España en octavos de final y el sueño roto en el tramo final de su carrera con la selección.

En el césped, Ronaldo lloró. En la sala de prensa, habló como alguien que sabe exactamente quién es en la historia del fútbol.

Un adiós sin Copa del Mundo, pero con legado

Ronaldo se marcha sin levantar nunca la Copa del Mundo ni disputar una final. Su techo con Portugal en el torneo fue aquel 2006 que lo presentó al planeta como heredero de la élite: semifinales y cuarto puesto. Desde entonces, frustraciones, grandes noches y un lugar reservado entre los gigantes del torneo.

Once goles en 27 partidos de Mundial. Seis ediciones disputadas, un club al que solo pertenece junto a Lionel Messi entre los hombres. Cifras que no necesitan adornos.

“Es normal, triste, salir del Mundial así”, admitió, todavía con la emoción a flor de piel. “Pero, como dije ayer en la rueda de prensa, lo di todo, di lo mejor de mí. Y me voy con la conciencia tranquila”.

No hubo épica final, no hubo foto con el trofeo dorado. Hubo, sí, una carrera sostenida en la élite absoluta durante dos décadas, un cuerpo que desafió al tiempo y una ambición que arrastró a todo un país.

El peso de cambiar la historia de Portugal

Donde su historia con la selección alcanza otra dimensión es en la Eurocopa. Ahí, Cristiano fue todavía más determinante: 14 goles en 30 partidos y, sobre todo, el título de 2016. La noche de París que cambió para siempre la relación de Portugal con los grandes torneos.

“Antes de Cristiano, Portugal no había ganado ningún título”, recordó él mismo. No es jactancia, es contexto. La Eurocopa de 2016, conquistada ante Francia, se convirtió en su medalla más preciada.

“La verdad es que el título más grande que gané con la selección fue en 2016, que para mí tiene el mismo significado que un Mundial, honestamente”, explicó. En su escala personal, aquella copa pesa tanto como la que se le ha escapado para siempre.

Por eso insiste: “Repito, me voy con la conciencia tranquila, habiendo hecho lo mejor, y ya está. Mañana será un nuevo día y la vida sigue”.

No hay dramatismo impostado. Hay aceptación. Y una certeza: el país que encontró en él a su primer gran campeón ya no volverá a ser el mismo.

El último tramo del camino

A los 39 años, Ronaldo afronta el final de su carrera sabiendo que el gran vacío de su palmarés ya no se llenará. El Mundial se le negó, pero el relato no se reduce a ese hueco. Su impacto con Portugal se mide en generaciones, en niños que crecieron viendo a la selección pelear de tú a tú con cualquiera.

El delantero tiene contrato por una temporada más con Al-Nassr, en la Saudi Pro League, club al que ha dedicado los últimos cuatro años. Todo apunta a que el próximo curso puede ser el último, aunque nada está confirmado.

Su historia con el Mundial, en cambio, sí ha quedado escrita. Se cierra sin la foto soñada, pero con una estela difícil de igualar: seis torneos, 11 goles, un símbolo que llevó a Portugal desde la nada de los títulos hasta la cima de Europa.

Se va del Mundial sin copa, pero no vacío. La pregunta ya no es lo que le faltó a Cristiano. Es qué será de Portugal cuando, por primera vez en mucho tiempo, tenga que imaginarse el futuro sin él.