Cierre de mercado de Everton: caos y rebelión en la afición
El cierre de mercado de Everton ha sido un despropósito tan grande que ha encendido una rebelión abierta en la grada y ha puesto bajo un foco abrasador a los propietarios, The Friedkin Group, y al director ejecutivo Angus Kinnear.
Lo que ya era un ambiente inflamable por la propuesta de venta del canterano Harrison Armstrong a Nottingham Forest —operación finalmente bloqueada por el propio consejo de Everton ante la reacción tóxica de la afición— estalló por completo en las últimas horas antes del cierre de la ventana.
El caso Balogun, del acuerdo al portazo
El episodio que lo resume todo llegó con Folarin Balogun. El delantero de Estados Unidos tenía pactado un traspaso de 40 millones de libras desde AS Monaco. Había hoja de trato firmada por ambas partes, jugador incluido, para poder completar la operación después de las 23.00 BST del martes.
Everton incluso había programado un vuelo a las 8.00 para llevar al jugador a Merseyside. Balogun no llegó a tiempo y el club se desesperó también por la tardanza en recibir documentación desde Monaco. El reloj corría. Y mal.
Cuando surgieron problemas en el reconocimiento médico, el caos se desató. Everton intentó virar hacia un préstamo de Joshua Zirkzee, de Manchester United. El delantero estaba dispuesto a firmar, pero desde Old Trafford no autorizaron su salida. También se tanteó a Tammy Abraham, de Aston Villa, pero el jugador decidió seguir en Villa Park. Otra puerta cerrada.
Sin alternativa clara, Everton regresó a Balogun. A escasos minutos del cierre, pactó con Monaco una nueva estructura de pago: menos dinero por adelantado y una serie de variables según el rendimiento del jugador. Las condiciones personales del delantero no cambiaban.
Y entonces llegó el golpe final. Balogun, ex de Arsenal, dio marcha atrás en Finch Farm. Abandonó la ciudad deportiva sin firmar. Thiago Scuro, director deportivo de Monaco, explicó al día siguiente en rueda de prensa que el jugador no se sentía “cómodo” con el trato recibido durante su reconocimiento médico.
En el club defienden que apoyaron al futbolista durante todo el proceso y que fueron transparentes con los problemas detectados, dejando claro además que estaban dispuestos a trabajar con Monaco para encontrar una solución que permitiera completar el fichaje.
El resultado, sin embargo, fue demoledor: un fichaje estrella que se cae en el último suspiro y una imagen de improvisación que ha encendido todavía más a la afición.
Un mercado que deja al equipo más débil
Todo esto llegó, para colmo, pocas horas después de que Everton hubiera dado luz verde al traspaso del delantero Beto a Fiorentina por 15,5 millones de libras. El equipo se quedaba sin un atacante… y sin el refuerzo que debía sustituirle.
Mientras tanto, el futbolista más creativo de la plantilla, Iliman Ndiaye, cerraba su marcha a Manchester City por 65 millones de libras. Golpe deportivo y, de nuevo, sensación de desarme.
Everton puede argumentar que la marcha atrás de Balogun fue una decisión personal imposible de revertir. Pero la pregunta que se hacen los aficionados es otra: ¿por qué se esperó hasta el último día para abordar carencias que llevaban meses, incluso años, a la vista de todos?
En una entrevista reciente con BBC Radio Merseyside, que ahora suena casi como una provocación involuntaria, Kinnear aseguró que la plantilla estaba “en un buen lugar” y explicó: “El reto es conseguir al mejor jugador posible en cada posición. Nuestra métrica es que, al cierre del mercado, lo hayamos logrado”.
También transmitió el mensaje de los propietarios estadounidenses: no clasificarse para competiciones europeas la temporada pasada fue “un fracaso”. El propio David Moyes admitió que esas declaraciones le habían sorprendido.
Tras los acontecimientos de estos días, la palabra “fracaso” ya no se dirige al técnico, sino a los dueños y al director ejecutivo. Y si la temporada se tuerce, no habrá refugio posible para TFG y Kinnear.
El “buen lugar” del que hablaba Kinnear se ha traducido en dejar a Moyes con un único delantero, el todavía verde Thierno Barry, y solo 18 jugadores de campo sénior. Un escenario frágil para un entrenador de 63 años que, por momentos, ha dejado entrever su malestar con el desarrollo del mercado estival.
Everton ha logrado el regreso de Jack Grealish en calidad de cedido y, por fin, ha resuelto un problema histórico en el lateral derecho con la llegada de Ashley Maitland-Niles desde Lyon por 3 millones de libras. Pero el veredicto global sobre la ventana es contundente: enorme bochorno para TFG y Kinnear.
Ni siquiera la búsqueda del lateral derecho fue limpia. Maitland-Niles se anunció oficialmente poco después de la medianoche, después de que un acuerdo de 9,4 millones de libras por Kenny Tete, de Fulham, se viniera abajo porque los londinenses no encontraron sustituto.
El balance es preocupante: un solo delantero (Barry), un único lateral derecho (Maitland-Niles) y un solo lateral izquierdo reconocido, Vitaliy Mykolenko, tras permitir la cesión del joven Adam Aznou al Malaga. Plantilla corta y desequilibrada.
Afición en pie de guerra
Los últimos días han supuesto un incendio de relaciones públicas. El club evitó un desastre mayor al frenar la venta de Harrison Armstrong, de 19 años, considerado por muchos el mayor talento de la academia desde Wayne Rooney. Pero, acto seguido, se metió de lleno en otro escándalo, quizá aún más dañino.
Tras la victoria en la segunda ronda de la Carabao Cup ante Preston North End, Moyes fue claro: “Creo que aún tenemos mucho trabajo por hacer. Necesitamos más jugadores. Nuestra plantilla no es lo suficientemente grande y tenemos que añadir más calidad en algunas áreas si podemos”.
Si el técnico decide hacer públicas sus reflexiones en los próximos días, su peso será enorme. Mientras tanto, los grupos de aficionados ya han movido ficha. Una petición reclama la dimisión de Kinnear.
“El Everton Fans’ Forum” emitió un extenso comunicado con críticas generalizadas, denunciando que la plantilla ha quedado “peligrosamente corta” en posiciones clave. El texto iba al corazón del problema: “El final de este mercado de fichajes deja a los aficionados de Everton con serias dudas sobre la planificación, la captación y la toma de decisiones del club.
“No se trata de exigir que Everton gaste de forma imprudente. Los aficionados entienden las restricciones financieras del club. No pedimos fichajes de relumbrón solo por el hecho de hacerlos.
“Pedimos competencia, preparación y responsabilidad”.
El malestar también ha alcanzado a “The 1878s”, el influyente grupo de voluntarios responsable de las enormes banderas, pancartas y tifos que han dado color al nuevo Hill Dickinson Stadium, y cuyo trabajo Moyes calificó como “increíble”. Su respuesta al cierre de mercado ha sido igual de contundente.
En un comunicado anunciaron que “se apartan por el futuro inmediato” como forma de protesta: “Como el resto de nuestra afición, estamos absolutamente decepcionados y disgustados con cómo ha ido esta ventana de fichajes, especialmente su final”.
El grupo recordó que, por normativa, no puede incluir mensajes ofensivos o palabras despectivas en sus banderas. Y dejó un mensaje que resume el sentir general: si pudieran llenar el estadio de pancartas que expresaran su descontento, lo harían. Simplemente, no se les permite.
Fichajes que no tapan el agujero
Entre el ruido, Everton sí cerró varias incorporaciones. Llegó el PFA Championship Player of the Year, Hayden Hackney, desde Middlesbrough. También firmó a Christian Norgaard procedente de Arsenal como sustituto del veterano Idrissa Gueye, aunque el danés, de 32 años, está lesionado y sin fecha de regreso.
Se confirmaron los acuerdos por el joven alemán Merlin Rohl y por el extremo de la selección sub-21 de Inglaterra Tyrique George, que ya estuvo cedido la temporada pasada. Brennan Johnson aterrizó desde Crystal Palace en un intercambio directo por Dwight McNeil.
Nada de eso, sin embargo, ha logrado tapar la sensación de derrumbe en el último día de mercado. La conclusión es incómoda, pero difícil de rebatir: Everton termina este periodo de fichajes claramente más débil de lo que lo empezó.
El club todavía no ha emitido ninguna comunicación pública sobre la cadena de decisiones que ha desencadenado críticas tan duras, una rebelión abierta de la afición y una pérdida notable de credibilidad para TFG.
Queda por ver si son capaces de reconstruir esos puentes… y, sobre todo, si la plantilla que han dejado en manos de Moyes soportará el peso de una temporada que ya empieza bajo sospecha.
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