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Chelsea: La crisis deportiva y el futuro incierto según Ruud Gullit

Ruud Gullit no se muerde la lengua. Desde la distancia, el mito neerlandés observa a un Chelsea irreconocible, atrapado en una temporada 2025-26 que amenaza con dejar al club fuera de Europa en todas sus versiones. Hace apenas un año levantaba la Conference League, conquistaba el Mundial de Clubes de la FIFA y sellaba billete para la Champions League. Hoy, se arrastra en una discreta novena plaza en la Premier League.

El contraste es brutal.

Un proyecto caro, pero descompensado

Los propietarios no han dejado de gastar. Fichajes, promesas, inversión a gran escala. Pero la apuesta ha sido clara: potencial por encima de jerarquía. Y esa elección se está pagando cara.

La inconsistencia se ha instalado en Stamford Bridge. Enzo Maresca no terminó la temporada, Liam Rosenior tampoco. El banquillo ha acabado en manos de Calum McFarlane, técnico interino que, pese al caos, ha llevado al equipo a la final de la FA Cup. Un oasis en medio del desierto.

El 16 de mayo, en Wembley Stadium, el Chelsea se jugará algo más que un título ante el Manchester City. Se juega también un salvavidas europeo: ganar la FA Cup significaría entrar en la Europa League 2026-27. Un trofeo y un billete continental que, en parte, maquillarían las grietas. Pero no las borrarían.

Porque el verano se presenta incómodo. Habrá decisiones duras tanto en el banquillo como en el vestuario.

¿Sigue siendo atractivo el banquillo del Chelsea?

Los nombres que se han asociado al proyecto no son menores: Cesc Fàbregas, Xabi Alonso, Andoni Iraola, Marco Silva. Entrenadores con ideas claras, en plena proyección, que encajan en el perfil de técnico moderno que busca medio continente.

La cuestión es otra: ¿sigue siendo el Chelsea un destino seductor para la élite?

Gullit, que sabe lo que es ganar la FA Cup con el club como jugador-entrenador en 1997, lo ve con escepticismo. En declaraciones a GOAL, en un acto con MrRaffle.com, fue directo: “Sí”, respondió cuando le preguntaron si el Chelsea se ha vuelto una opción poco atractiva. Y explicó por qué.

“Cualquier entrenador vería lo que yo veo y diría: ‘Necesito jugadores con experiencia. Necesito un Casemiro, un [Aurelien] Tchouameni. Necesito ese tipo de futbolistas en el centro del campo. Necesito esa clase de experiencia junto al talento joven’. Y si no los tienes, vas a tener un problema”.

La frase golpea donde más duele: la estructura deportiva.

Gullit fue más allá: “La única cosa segura para un entrenador del Chelsea es que lo van a despedir. Esa es la única certeza. Y como técnico tienes que aprender a adaptarte a la filosofía del club. ¿Encaja con la tuya? ¿Y te dan los jugadores que necesitas para hacer lo que quieres hacer?”.

Ahí está el corazón del debate. No se trata solo de dinero. Se trata de control, de coherencia, de proyecto.

El espejo de los grandes

Gullit puso ejemplos contundentes: “Pep Guardiola tuvo todos los jugadores que quiso. Por eso ha tenido éxito. Pero si le dices a Pep: ‘Arréglatelas con lo que te damos’, no vendría. Mourinho no vendría. Klopp no vendría. [Carlo] Ancelotti no vendría. Son gente que sabe exactamente cuál es la fórmula correcta”.

El mensaje es claro: los grandes entrenadores no solo exigen salario y prestigio. Exigen poder construir. Y el Chelsea, en los últimos años, ha ofrecido más inestabilidad que certezas.

Mientras tanto, el equipo intenta respirar en la competición doméstica. Rompió una racha de seis derrotas consecutivas en Premier con un 1-1 ante el Liverpool, un punto que frena la caída, pero no cambia el relato de fondo.

Un final de curso con mucho en juego

Tras la final de FA Cup ante el City, quedarán dos jornadas de liga. Primero, un duelo en casa ante un Tottenham amenazado por el descenso. Después, un último viaje a Sunderland. Dos partidos que, sobre el papel, podrían abrir una rendija de esperanza.

En teoría, el Chelsea aún puede colarse entre los siete primeros. En la práctica, los pronósticos están en su contra. Y ese detalle pesa: sin Champions, sin Europa League, quizá sin Conference League, convencer a un entrenador de primer nivel y a futbolistas hechos se complica.

Quien acepte el reto lo hará sabiendo que el margen de error es mínimo. Que el asiento del banquillo está cada vez más caliente. Y que, como advierte Gullit, en Stamford Bridge hoy hay una certeza incómoda: el tiempo siempre corre más rápido contra el entrenador que a su favor.