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Bélgica elimina a Estados Unidos y apaga el sueño mundialista

El sueño de una gran carrera mundialista en casa se acabó de golpe. Bélgica, fría y letal, aprovechó cada grieta de la zaga estadounidense y firmó un 4-1 que envía a los Red Devils a cuartos de final y deja a Estados Unidos con una dura sensación de oportunidad perdida.

Charles De Ketelaere fue el rostro de la superioridad belga: dos goles, una asistencia y la sensación constante de que cada vez que tocaba el balón algo grave podía pasarle al equipo de Mauricio Pochettino.

Un golpe temprano y una respuesta fugaz

El plan estadounidense se vino abajo muy pronto. En el minuto 8, De Ketelaere abrió el marcador, la primera vez en todo este Mundial que USA empezaba por detrás. El gol no solo castigó un error defensivo; confirmó lo que se temía desde la previa: la defensa era el punto débil de esta selección.

Pese al mazazo, el equipo local reaccionó. En el 31, Malik Tillman igualó el partido con su segundo gol de tiro libre en el torneo, un disparo desviado que descolocó al portero y encendió a los 66.925 aficionados vestidos de rojo, blanco y azul en Lumen Field. El estadio rugía, el ambiente cambiaba, parecía que el impulso se inclinaba del lado estadounidense.

Duró 61 segundos.

Nada más sacar de centro, Bélgica volvió a castigar. Otro desajuste atrás, otra demostración de fragilidad. El 1-2 cayó como un cubo de agua helada. En la banda, Pochettino explotó: una patada al soporte de las botellas y cuatro bidones volando delante del banquillo resumieron la frustración del técnico.

El error que sentenció y la lesión de Pulisic

En la segunda parte, el partido pedía cabeza fría. Pero el error más grueso aún estaba por llegar. En el minuto 57, Matt Freese no logró controlar un balón sencillo delante de su portería. De Ketelaere, atento, aprovechó el regalo y sirvió el pase para que Hans Vanaken marcara el 1-3. El estadio enmudeció. Ese fallo, en un Mundial y en casa, pesará durante mucho tiempo.

Como si no fuera suficiente, llegó el golpe emocional. Christian Pulisic, la gran estrella del proyecto, se lesionó el pie derecho al impactar su disparo contra la bota del capitán belga Youri Tielemans en el 52. Intentó seguir, pero siete minutos después tuvo que dejar el campo. Desde el banquillo, solo pudo ver cómo su equipo se desmoronaba.

Pochettino había recuperado a Folarin Balogun tras la controvertida decisión de la FIFA de levantarle la sanción de un partido por roja. El regreso del delantero alimentó el optimismo en la previa, pero la realidad fue otra: el problema no estaba arriba, sino atrás.

Lukaku remata, Bélgica avanza, USA se despide

Con el partido ya roto, Bélgica manejó los tiempos con oficio. Romelu Lukaku, que había empezado en el banquillo, puso la firma final en el tercer minuto del tiempo añadido con el 1-4. Un resultado contundente, casi cruel, pero fiel a lo que se vio sobre el césped.

Lo llamativo es que Bélgica ni siquiera necesitó a todo su arsenal. Jérémy Doku y Kevin De Bruyne se quedaron en el banquillo de inicio. Aun así, el equipo europeo presionó alto desde el primer minuto y expuso sin piedad una defensa estadounidense que nunca ofreció seguridad.

El premio para los Red Devils es grande: billete a cuartos de final y cita con España en Inglewood, California, el viernes. Un duelo de alto voltaje entre dos candidatos a llegar muy lejos.

Un techo que no se rompe y una generación bajo la lupa

Para Estados Unidos, el contexto hace que la derrota duela todavía más. En este Mundial ampliado a 48 selecciones, el equipo había logrado por primera vez tres victorias en un mismo torneo. El siguiente paso lógico era romper el techo de octavos y volver a unos cuartos de final por primera vez desde 2002. No ocurrió.

Los números contra Europa son demoledores: 11 derrotas en los últimos 12 partidos ante selecciones del Viejo Continente. La única victoria, en esta Copa del Mundo, fue ante Bosnia-Herzegovina en dieciseisavos. Cuando el nivel sube, USA se queda corto.

La llamada “generación dorada”, liderada por Pulisic, Weston McKennie y Tyler Adams, consiguió parte de su objetivo: hacer que el fútbol se acerque, aunque sea un poco, al peso mediático del NFL, MLB o NBA. Estadios llenos, ambiente de Mundial, un país pendiente. Pero en el campo, donde realmente se mide todo, el salto no ha sido suficiente.

El dato regional tampoco ayuda. Las seis selecciones de CONCACAF están eliminadas. USA, México y Canadá, las tres coanfitrionas, cayeron todas en octavos. Los ocho equipos de cuartos saldrán de Europa, Sudamérica y África. El mensaje es claro: la brecha con CONCACAF y Asia sigue abierta, quizá más de lo que muchos querían admitir.

El Mundial en casa pedía un golpe sobre la mesa. En su lugar, dejó una pregunta incómoda: ¿cuánto tiempo más tendrá que esperar Estados Unidos para que una generación no solo ilusione, sino que también compita de verdad con la élite cuando el torneo entra en serio?