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Atlético busca blindar a Julián Álvarez con el fichaje de Cristian Romero

Queda menos de un mes para que se cierre el mercado y el culebrón Julián Álvarez se ha convertido en el eje del verano. FC Barcelona aprieta para sacarlo del Metropolitano. Atlético de Madrid se aferra a él como a la pieza que sostiene todo el proyecto. Dos fuerzas opuestas, un mismo objetivo y muy poco margen de error.

Mientras en los despachos del Camp Nou se hacen números y se buscan fórmulas imaginativas, en Madrid la estrategia es distinta: no se trata solo de decir que Julián es intransferible. Se trata de demostrarle, día a día, que el mejor lugar para seguir creciendo es el Metropolitano.

Ahí entra en escena Mateu Alemany.

El movimiento de Mateu Alemany

Según SPORT, el director de fútbol del Atlético trabaja para darle a Diego Simeone una plantilla todavía más competitiva. Y en la parte alta de su lista aparece un nombre subrayado desde hace meses: Cristian Romero, el central de Tottenham.

No es un capricho ni una oportunidad de mercado. Romero es una de las prioridades de Simeone desde hace tiempo. Encaja en el perfil que el técnico reclama para su defensa: agresivo, dominante, con jerarquía. Pero su posible llegada va mucho más allá de lo táctico.

En el Metropolitano están convencidos de que fichar a Romero sería también un golpe emocional. Un mensaje directo a Julián Álvarez: el club no solo quiere retenerlo, quiere construir a su alrededor un equipo capaz de competir por todo.

La admiración de Julián por “Cuti”

En este plan hay un detalle clave. Julián Álvarez no ha escondido nunca la admiración que siente por Cristian Romero. Son compañeros de selección, comparten vestuario en Argentina y, sobre todo, comparten complicidad.

En una entrevista concedida en diciembre de 2025, el delantero fue transparente cuando le preguntaron por el interés del Atlético en Romero.

“Sí, absolutamente. Obviamente, me hubiera gustado. Cuti es uno de los mejores defensores del mundo. Paso mucho tiempo con él en la selección y creo que es increíble, un competidor absoluto y extremadamente fuerte defensivamente.

“Tuve algunas conversaciones con él y, por varias razones, no se dio, pero ojalá algún día podamos jugar juntos”.

Aquellas frases, entonces casi anecdóticas, hoy resuenan con otro peso. Dentro del club se interpretan como una pista clara: si el Atlético logra reunir a Julián y a Romero en el Metropolitano, no solo reforzará la zaga, también tocará una fibra muy íntima del delantero.

La idea es sencilla y ambiciosa a la vez. Convertir un deseo personal del campeón del mundo en un argumento deportivo y emocional para que descarte definitivamente la salida.

Barcelona no suelta la presa

Mientras tanto, Barcelona no se rinde. Deco viajó esta semana a Madrid para reunirse con el agente del jugador, Fernando Hidalgo, y explorar cualquier resquicio que permita acercar la operación. La insistencia del argentino en salir mantiene viva la esperanza azulgrana.

En el Camp Nou consideran a Julián Álvarez una prioridad para Hansi Flick. El club mantiene un contacto constante con el entorno del futbolista y examina todas las vías posibles para cuadrar una operación compleja, condicionada por la economía y por la firmeza pública del Atlético.

Porque el mensaje rojiblanco, al menos de puertas hacia fuera, no se ha movido un milímetro: Julián es intocable. No hay precio. No hay negociación.

La realidad interna, sin embargo, va un paso más allá de los comunicados. En el Metropolitano asumen que, para convencer definitivamente al delantero, no basta con blindarlo contractualmente. Hay que darle motivos deportivos de peso. Y el nombre de Cristian Romero encaja como pocos en ese plan.

Un mercado que se acelera

El tiempo, por ahora, juega del lado del Atlético. El club trabaja para reforzarse con uno de los futbolistas con los que el propio Julián ha confesado que le encantaría compartir camiseta. Si la operación Romero avanza, el relato cambia: de un proyecto que teme perder a su estrella, a un proyecto que se expande para rodearla mejor.

Barcelona, mientras tanto, espera su oportunidad. Sabe que cualquier gesto de debilidad, cualquier grieta en la relación entre Julián y el Atlético, puede abrir una puerta. Por eso mantiene viva la llama, paciente pero insistente, a la espera de que el mercado, el jugador o el propio club madrileño le concedan una mínima opción.

La ventana entra en su tramo decisivo. En público, los Rojiblancos repiten que su delantero no se toca. En privado, trabajan para algo todavía más importante: que, cuando el 31 de agosto se cierre la persiana del mercado, sea el propio Julián Álvarez quien ya no quiera mirar hacia ningún otro sitio.