Anthony Gordon, el inglés que brilla en el Barça de Flick
Anthony Gordon apenas suma cinco partidos con el Barcelona desde que llegó en mayo. Y ya se ha hecho notar. Mucho.
Cuatro asistencias en sus primeros cinco encuentros con un equipo que vive instalado en el gol. Cero tantos todavía, sí, pero una sensación clara: el inglés ha encajado en el ataque azulgrana como si llevara años ahí, ocupando ese costado izquierdo que la temporada pasada solía ser territorio de su compañero de selección Marcus Rashford.
Y su impacto no se limita al césped.
En su presentación, Gordon se dirigió al vestuario en castellano, idioma que empezó a trabajar con la ayuda de un fisioterapeuta español del Newcastle. Luego, ante los aficionados, se atrevió con un par de frases en catalán. Detalle pequeño, efecto enorme. La grada lo captó al instante.
De las dudas por los 70 millones a los cánticos en el Camp Nou
El precio del traspaso, 70 millones de libras, levantó cejas en más de un rincón del fútbol europeo. No era una cifra menor por un jugador que, pese a una Champions brillante, había sido irregular en la Premier y presentaba números discretos.
El Newcastle había terminado duodécimo en la liga. Gordon cerró el curso con seis goles y dos asistencias en 26 partidos ligueros, tres de esos tantos desde el punto de penalti. Con esos datos, la gran pregunta era evidente: ¿de verdad estaba listo para ser titular en el Barcelona?
La respuesta, por ahora, se está escribiendo a toda velocidad.
Curiosamente, Gordon ya había probado el ambiente del Camp Nou unos meses antes de su fichaje. Lo hizo con la camiseta del Newcastle, en la vuelta de octavos de la Champions. Aquel día, el conjunto inglés salió goleado: 7-2 en el partido, 8-3 en el global. Para el club fue una noche durísima. Para Gordon, algo más: el primer contacto con un estadio que, poco después, pasaría a ser su casa.
Su trayectoria europea contaba otra historia muy distinta a la de la Premier. En la última Champions firmó 10 goles en 12 partidos, elevando el nivel precisamente ante los rivales más potentes del continente. Solo Kylian Mbappé, con 15, y Harry Kane, con 14, marcaron más que él en la competición.
Con esos registros, el salto al Barça empezaba a tener más sentido.
Un encaje natural en el plan de Flick
En España, Gordon ha arrancado como si llevara años en La Liga. Hansi Flick lo ha convertido en una pieza influyente de su ataque, un extremo que entiende exactamente lo que le pide el técnico alemán.
Aún no ha marcado, pero su velocidad y su agresividad hacia adelante encajan como un guante en la idea ofensiva del Barça. Deco lo resumió sin rodeos cuando le preguntaron por qué el club apostó por Gordon y no por Rashford: “Nuestra idea de juego está mucho más ligada a Anthony. Su estilo encaja con lo que busca el entrenador”.
El propio jugador confirma esa sensación de adaptación inmediata. “Ya me siento como en casa”, confesó. “La ciudad es increíble. Los chicos me han hecho sentir muy bienvenido. Creo que iré a mejor y mejor cuanto más tiempo esté aquí”.
Desde la izquierda, Gordon le ha dado a Flick otra forma de hacer daño. Ataca el espacio, estira defensas, abre pasillos para sus compañeros. Sin balón, su movilidad rompe líneas y genera huecos que aprovechan Lamine Yamal, Raphinha y los centrocampistas que llegan desde atrás.
Flick lo ve claro: “Como delantero, desde su posición, quieres marcar goles. Ha tenido ocasiones y las ha fallado. Pero ha dado el último pase para preparar los goles y eso también es muy importante”.
Una decisión en Elche que lo explicó todo
Su debut liguero dejó una escena que ha calado fuerte entre los culés. Ante el Elche, Gordon repartió dos asistencias en apenas cuatro minutos. Pudo irse también con su primer gol.
Se plantó solo ante el portero, con todo a favor para estrenar su cuenta. Pero eligió otra cosa: levantó la cabeza, vio mejor posicionado a Fermín López y le regaló el gol con un pase raso al corazón del área. Fermín no perdonó.
En ese gesto, la grada leyó mucho más que una simple asistencia. Un jugador recién llegado, con la oportunidad de marcar en su debut, renunciando al lucimiento personal para asegurar el tanto del equipo. “Siempre quieres ganar, pero siempre se trata del equipo primero”, explicó después. “Especialmente en este club”.
Para la afición, fue una señal inequívoca: el Barça no solo había fichado talento, también un futbolista dispuesto a someter su ego al colectivo.
Un Barça desatado… y un inglés imprescindible en la presión
El contexto también ayuda. El equipo de Flick ha arrancado la temporada a toda velocidad: 22 goles a favor y solo tres en contra en los primeros cinco partidos. Es el inicio más prolífico desde que el alemán tomó el mando en mayo de 2024.
El gol está muy repartido. Raphinha lidera la tabla interna con ocho tantos, Lamine Yamal suma cinco y otros compañeros se van sumando a la fiesta. En medio de esa tormenta ofensiva, Gordon aporta algo diferente: carreras agresivas, presión alta y una lectura del espacio que castiga a cualquier defensa lenta en la basculación.
Puedes abrirse bien pegado a la cal para encarar a su lateral, atacar la espalda de la zaga cuando el mediocentro filtra un pase vertical o meterse por dentro para asociarse con los otros atacantes. Y cuando el Barça pierde el balón, su reacción es inmediata: salta a la presión, corre hacia el poseedor, tapa líneas de pase. Justo lo que exige el libreto de Flick.
Las preguntas han cambiado
Sería precipitado afirmar que Gordon ya ha despejado todas las dudas. Sigue sin marcar, y sostener este nivel físico y mental durante toda una temporada será una prueba exigente. Habrá baches, partidos discretos, noches en las que las decisiones no le salgan tan limpias.
Pero la conversación que lo rodea ya no es la misma que en verano.
Antes, muchos se preguntaban si realmente pertenecía a un club como el Barcelona. Ahora, la cuestión es otra: ¿hasta qué punto puede llegar a ser decisivo en el nuevo proyecto azulgrana?
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